SER UNO SER DOS EN LA NADA: Prosa existencial desde la filosofía de Heidegger
Me
miro a mi mismo. Siento abrir los ojos, sin poder mirar, ni contemplar, vestigios de
mi ser extraviados en alguna parte. No puedo mover mi cuerpo, mas, mis
pensamientos viajan demasiado rápido. Algo ha sucedido que estoy escavando en
mi mismo, mirando introspectivamente el filo punzante donde no se ha
equilibrado todavía mi ser.
Siento
el hedor de este lugar que es el mundo, como un alojamiento de pre-cadáveres
recalcitrantes. Estamos muriendo toda la vida, mucho he muerto a tu lado, desde
los pies hasta los ojos, sobre todo los ojos, mucho hemos gastado los labios y
el brillo pupilar que se oscurece moribundo también.
Rehacer mis sentidos, luego vociferar palabras
inteligibles para este nuevo lugar que es en mí mismo y el sentido que diseminaré
en la gente que no se diferencian mucho de los objetos inertes desde este
basural que es mi cuerpo. Aquí, de pronto no estoy cerca de nada, muy arrojado
al abismo, ante la apariencia de su
sombra que se me escabulle vertiginosa. Desde que no estás que siento un
impulso permanente por volar, pero no sé adónde volar…
Desorientado
como un extraño en mi cuerpo, en los recuerdos del sentir que hemos ido construyendo como un refugio al
margen de esta sociedad, una habitación y miles de sin-sentidos que han
precedido el misterio de cada nuevo latido, desde las palabras hasta los
signos, como de los pies hasta la cabeza.
No puedo enajenar mi ser, al preguntarme por
su sentido, de lo que hemos sido, lo que
hemos venido siendo confinados a nuestro espacio vital donde aguardan todas las
posibilidades del ser, fascinados por la memoria que afirmara nuestro existir
contento y delirante. Y entonces me hace ruido la idea de que de pronto existo
o acaso es ella quien dirige mis movimientos, en parte mis sentidos y mi forma
de pensar que gira circularmente en su esencia inalcanzable, casi onírica,
hasta el punto que he quedado reducido a la nada.
Ahora,
lanzado afuera de nosotros mismos, pienso
en este ser que soy yo mismo en un lugar desconocido. Lugar desbaratado por la desgracia,
por la vergüenza, por la naturaleza de algún instinto que fuera demasiado lejos,
más allá o más acá de nuestra antigua morada que hicimos mundo, donde fuimos
construyendo pensamientos e ideas, y nuestras maneras de decirnos. Veo que
estoy abatido escupiendo la saliva blanca en un agujero profundo. Siento un miedo permanente a que las cosas,
incluyendo la gente que me rodea pueda transgredir mi piel aparente hoy, en el
mundo exterior que no somos los dos sino susceptibles.
¿Adónde
hemos llegado querida? Puedes seguir en
esa lógica tele-novelesca, hacer alarde de lo violento que han sido los
impulsos, pero también, podemos romper la coyuntura, esta nueva realidad
imaginada y desorganizada por nuestro proyecto existencial enfermo y
descoordinado, avasallado por nuestro
deseo de libertad individual. Pero somos juntos y no divididos, así y sólo en
aquel lugar que somos nosotros hemos podido habitar nuestro presente en cuanto
manifestación cultural y cultual de nuestras necesidades que convergen en un
mismo idioma compartido.
Habitamos
este universo propio porque hemos construido algo con nuestros signos, nuestros
procederes de decir cualquier cosa bajo nuestro propio aforismo, construyendo
cotidianamente la precisa significancia de ser aquí , juntos; más que ahí , separados; viviendo o creyendo
vivir casi alienados de lo que dicen se
llama realidad y su lenguaje arbitrario, exclusivo, aquí y no allá afuera en la sociedad, en nuestro
refugio que somos los dos reproducimos libres nuestras ideas, degeneramos el
correcto decir y ser de las cosas porque habitamos un imaginario común.
Sólo
aquello quiero que pienses ahora que ya te fuiste a alguna parte lejos de este cementerio
y yo, permanezco flotando con mis ideas
vertiginosas y mi cuerpo en vilo, suspendido en el aire, inalcanzable,
inescrutable. Habré de reconstruir mi ser ahora luego de veinte años, no se
puede vivir sin habitar, “el habitar sería el fin que preside todo el
construir” nos dice Heidegger.
¿Y
quién soy en cada lugar que se aparece violentamente extraño cada vez que
forzosamente somos arrojados a sus
códigos y a un cúmulo de cuestiones predefinidas? ¿Ha sido una ingenuidad más
que una posibilidad que el ser dos haya circunscrito todas las posibilidades de
nuestra existencia, dándole sentido proyectos que se apresuraban ante el escenario
inaplazable del morir?
¿El
amar se resuelve inherente al ser humano, a su naturalidad, o es un sincretismo
diabólico en cuanto utillaje para la realización del ser ahí en un espacio
común que sólo, y sólo a veces, converge en otros cuerpos, relacionándonos cual
animales sociales? Al más adaptado
circunstancialmente a nuestras necesidades fundamentales, por cierto. ¿Es en
este sentido amar una expresión de
libertad o una realización mediata del ser?
Mis
sollozos ante la soledad, ante el escrutinio de una realidad abnegada de
visibilidad coherente hoy que ya no estás, debe ser una extensión de algo que
no fui, ahora que estoy despierto podría decir lo fundamental que ha sido lo
que percibí de su existir en mí y conmigo, en cuanto, le he puesto como un ser ahí donde yo elegí, más o menos
junto a mi cepillo de dientes.
El ser que yo visualizo yace aquí en uno
mismo, y uno que va organizando las cosas que están allí viviendo, habitando,
alojando, o muertas por ser inertes. Entonces adquieren un sentido y significado existencial conforme a nuestro
proyecto. Nunca “hemos sido” quizá, en su sentido colectivo, sino un paréntesis
de mi propio lenguaje y yo del tuyo, somos como en la novela de Sábato dos seres
desnudos que alojan y habitan, que
organizan y se liberan transformando las cosas, también a nosotros mismos como
por antojo y recorriendo necesariamente la vida por dos túneles diferentes,
salvo que en cierta parte éstos convergieran, empero solo en un espacio muy
efímero de nuestra existencia.
Simplemente
no se es los dos sino uno mismo, uno y el
reflejo del uno en el otro. Y ya no te quiero sino que a mí mismo cuando estoy
contigo, porque hoy en mi basural puedo mirar las cosas, cualquier cosa e inventar a la gente, a
cualquier gente, y habrá alguien que
tome tu lugar en mi camino hacia la muerte, y también quien camine a mi lado
todos los senderos que mañana por añadidura designe pertinentes.




