jueves, 13 de diciembre de 2012



SER UNO SER DOS EN LA NADA: Prosa existencial desde la filosofía de Heidegger

Me miro a mi mismo.  Siento abrir  los ojos,  sin poder mirar, ni contemplar, vestigios de mi ser extraviados en alguna parte. No puedo mover mi cuerpo, mas, mis pensamientos viajan demasiado rápido. Algo ha sucedido que estoy escavando en mi mismo, mirando introspectivamente el filo punzante donde no se ha equilibrado todavía mi ser.
Siento el hedor de este lugar que es el mundo, como un alojamiento de pre-cadáveres recalcitrantes. Estamos muriendo toda la vida, mucho he muerto a tu lado, desde los pies hasta los ojos, sobre todo los ojos, mucho hemos gastado los labios y el brillo pupilar que se oscurece moribundo también.
 Rehacer mis sentidos, luego vociferar palabras inteligibles para este nuevo lugar que es en mí mismo y el sentido que diseminaré en la gente que no se diferencian mucho de los objetos inertes desde este basural que es mi cuerpo. Aquí, de pronto no estoy cerca de nada, muy arrojado al abismo,  ante la apariencia de su sombra que se me escabulle vertiginosa. Desde que no estás que siento un impulso permanente por volar, pero no sé adónde volar…
Desorientado como un extraño en mi cuerpo, en los recuerdos del sentir que  hemos ido construyendo como un refugio al margen de esta sociedad, una habitación y miles de sin-sentidos que han precedido el misterio de cada nuevo latido, desde las palabras hasta los signos, como de los pies hasta  la cabeza.
 No puedo enajenar mi ser, al preguntarme por su sentido, de lo que hemos sido,  lo que hemos venido siendo confinados a nuestro espacio vital donde aguardan todas las posibilidades del ser, fascinados por la memoria que afirmara nuestro existir contento y delirante. Y entonces me hace ruido la idea de que de pronto existo o acaso es ella quien dirige mis movimientos, en parte mis sentidos y mi forma de pensar que gira circularmente en su esencia inalcanzable, casi onírica, hasta el punto que he quedado reducido a la nada.

Ahora, lanzado afuera de nosotros mismos,  pienso en este ser que soy yo mismo en un lugar desconocido. Lugar desbaratado por la desgracia, por la vergüenza, por la naturaleza de algún instinto que fuera demasiado lejos, más allá o más acá de nuestra antigua morada que hicimos mundo, donde fuimos construyendo pensamientos e ideas, y nuestras maneras de decirnos. Veo que estoy abatido escupiendo la saliva blanca en un agujero profundo.  Siento un miedo permanente a que las cosas, incluyendo la gente que me rodea pueda transgredir mi piel aparente hoy, en el mundo exterior que no somos los dos sino susceptibles.
¿Adónde hemos llegado querida?  Puedes seguir en esa lógica tele-novelesca, hacer alarde de lo violento que han sido los impulsos, pero también, podemos romper la coyuntura, esta nueva realidad imaginada y desorganizada por nuestro proyecto existencial enfermo y descoordinado,  avasallado por nuestro deseo de libertad individual. Pero somos juntos y no divididos, así y sólo en aquel lugar que somos nosotros hemos podido habitar nuestro presente en cuanto manifestación cultural y cultual de nuestras necesidades que convergen en un mismo idioma compartido.
Habitamos este universo propio porque hemos construido algo con nuestros signos, nuestros procederes de decir cualquier cosa bajo nuestro propio aforismo, construyendo cotidianamente la precisa significancia de ser aquí , juntos;  más que ahí , separados; viviendo o creyendo vivir casi alienados de lo que dicen  se llama realidad y su lenguaje arbitrario, exclusivo,  aquí y no allá afuera en la sociedad, en nuestro refugio que somos los dos reproducimos libres nuestras ideas, degeneramos el correcto decir y ser de las cosas porque habitamos un imaginario común.
Sólo aquello quiero que pienses ahora que ya te fuiste a alguna parte lejos de este cementerio y yo,  permanezco flotando con mis ideas vertiginosas y mi cuerpo en vilo, suspendido en el aire, inalcanzable, inescrutable. Habré de reconstruir mi ser ahora luego de veinte años, no se puede vivir sin habitar, “el habitar sería el fin que preside todo el construir” nos dice Heidegger.
¿Y quién soy en cada lugar que se aparece violentamente extraño cada vez que forzosamente  somos arrojados a sus códigos y a un cúmulo de cuestiones predefinidas? ¿Ha sido una ingenuidad más que una posibilidad que el ser dos haya circunscrito todas las posibilidades de nuestra existencia, dándole sentido  proyectos que se apresuraban ante el escenario inaplazable del morir?
¿El amar se resuelve inherente al ser humano, a su naturalidad, o es un sincretismo diabólico en cuanto utillaje para la realización del ser ahí en un espacio común que sólo, y sólo a veces, converge en otros cuerpos, relacionándonos cual animales sociales?  Al más adaptado circunstancialmente a nuestras necesidades fundamentales, por cierto. ¿Es en este sentido  amar una expresión de libertad o una realización mediata del ser?
Mis sollozos ante la soledad, ante el escrutinio de una realidad abnegada de visibilidad coherente hoy que ya no estás, debe ser una extensión de algo que no fui, ahora que estoy despierto podría decir lo fundamental que ha sido lo que percibí de su existir en mí y conmigo, en cuanto, le he puesto  como un ser ahí donde yo elegí, más o menos junto a mi cepillo de dientes.
 El ser que yo visualizo yace aquí en uno mismo, y uno que va organizando las cosas que están allí viviendo, habitando, alojando, o muertas por ser inertes. Entonces adquieren un sentido  y significado existencial conforme a nuestro proyecto. Nunca “hemos sido” quizá, en su sentido colectivo, sino un paréntesis de mi propio lenguaje y yo del tuyo, somos como en la novela de Sábato dos seres desnudos que alojan y habitan,  que organizan y se liberan transformando las cosas, también a nosotros mismos como por antojo y recorriendo necesariamente la vida por dos túneles diferentes, salvo que en cierta parte éstos convergieran, empero solo en un espacio muy efímero de nuestra existencia.
Simplemente no se es los dos  sino uno mismo, uno y el reflejo del uno en el otro. Y ya no te quiero sino que a mí mismo cuando estoy contigo, porque hoy en mi basural puedo mirar las cosas,  cualquier cosa e inventar a la gente, a cualquier gente, y  habrá alguien que tome tu lugar en mi camino hacia la muerte, y también quien camine a mi lado todos los senderos que mañana por añadidura designe pertinentes.

1 comentario:

  1. a tu blog ya le estaban saliendo polillas. Buena versión personal del da-sein

    ResponderEliminar