
Me has abandonado,
despojado con un cúmulo de sentimientos que se ahogan en mi garganta.
Había fantaseado que tu mirada se perdía en la mía, que tus ojos extrañaban en mí ameno paraíso, al sol y la lluvia al mismo tiempo,
y nosotros esclavos por deliberada osadía, en nuestra danza inmortal a mitad de calle.
Pero aquí estoy escuchando el ruido de la sangre en mi cuerpo
contemplando el gris del cielo, dibujándote estrellas que no existen.


